
Parece de mención obligada la muerte de Alexander McQueen. Una conmoción que ha sacudido al mundo de la moda.
En cuanto a moda, debo decir que jamás me atrajo hasta el nivel de desear adquirir una pieza suya a toda costa. Pero le admiraba, le admiraba como se hace con los grandes, ante quienes tienes que quitarte el sombrero, el borsalino o la boina. Con morbosa curiosidad (y debido a una laaaarga noche de insomnio), asistí a la venta de BuyVip que se ofreció horas después de el anuncio de su muerte. En un cuarto de hora había volado casi todo. Y me mordí de rabia los labios; como siempre, la muerte revaloriza.
Pero en estos días no he dejado de pensar en McQueen... desde un punto de vista mucho más humano...
Solemos pensar egoístamente que lo peor que le puede pasar a una madre es perder a un hijo pero... ¿nos preguntamos con la suficiente frecuencia cómo se puede sentir un hijo ante la pérdida de su madre?...
Un sentimiento devastador de soledad, de desamparo, de rotura definitiva del cordón umbilical... hay quién puede vivir con ello, con el tiempo el dolor se puede llegar a atenuar, pueden quedar los recuerdos dulces impregnados de melancolía... hay quién no puede soportar la simple idea...
Lástima que se haya ido un grande.... como madre miro a mi pequeña y pienso qué sería de ella si yo faltara. Si me echaría de menos, si me recordaría... si podría vivir con ello.
No es un post demasiado alegre, lo sé...
Por ello os dejo una pequeña reflexión. Hace poco, a raíz del nombre del blog, hablaba con una amiga y debatiamos sobre si el chic debe ser sinómino de precio elevado o va mucho más allá.
Ayer, en la sala de espera de un médico, leyendo Marie Claire Italia de enero topé con una entrevista a Garance Doré en la que afirmaba :
"El lujo es tener estilo propio, la elegancia es ser gentil siempre. Y lo chic es sumarle a todo ello una sonrisa"
Ahí queda, para las mamis (y no mamis) que tratamos de seguir siendo chics pese a llevar el cinturón más apretado que nunca.
